¡No lo
estoy!...
Al final, lo que importa
no son los años de vida,
sino la vida de los
años.
Abraham Lincoln
La vida, como arco multicolor se tiñe de tonalidades
diferentes conforme varía la forma de pensar y actuar en cada etapa. El granate
define la intensidad de una niñez ávida de emociones, de intrepidez y escaso
razonamiento, que impulsa la realización de acciones temerarias o imprudentes,
sin pensar en consecuencias; ocurrencias que, solo o acompañado, se planean
con el único fin de la diversión. Como aquel día en que el color pudo
desvanecerse…
El año de 1958 cursaba el segundo año de secundaria en el
colegio Franco Español, ubicado en la avenida Insurgentes sur, donde hoy se
encuentra la Plaza Inn. Escuela para varones con una superficie extensa; construcción
antigua colindante al poniente con el colegio Lestonac, para mujeres. Por el
lado sur, ambas escuelas limitaban con un pequeño riachuelo de amplias explanadas
cubiertas de añosos árboles que nos servían de campo de batalla por las tardes.
Dos grupos antagónicos, dos salones distintos, y... una sola rivalidad. Con
bolsas de papel estraza, sustraídas del Supermercado 1,2,3, rellenas de arena
del río, combatíamos hasta eliminarnos: enemigo blanqueado, era individuo
muerto, esa era la regla. Aquel día un volado definió aquel día que el grupo
contrario, escogiera los árboles como su guarida.
Los terrestres caminábamos por ambos bordes escudriñando las alturas. Llevábamos
proyectiles en las manos y mochilas. En el recorrido, sorprendieron
a Arturo con un impacto en el pecho; al
rasgarse la bolsa esparció tierra en el contorno de su figura y una nube
grisácea cubrió momentáneamente su faz.
−¡Muerto!,
¡muerto! ¾se oyó el griterío desde la
arboleda¾, e inmediatamente el silencio
encubridor tendió su manto sobre la ubicación de los arborícolas, mas el agresor estaba identificado, y en rápida
carrera llegaron dos adversarios a polvearlo.
−¡Muerto!,
¡muerto!, estás vengado, Arturo…
La lucha
se prolongó. Al final, sólo quedaba yo por parte de los terrestres, y bajaron a
perseguirme. Acosado, huía desesperado volteando hacia atrás constantemente
para eludir los proyectiles, llegué a la banqueta y corrí por la avenida
Insurgentes; me seguían muy de cerca gritando:
−¡Estás
muerto!... ¡estás muerto!
−¡No
lo estoy! ¾contesté volteando a ver al
adversario...
¡Escuché un fuerte rechinido de
llantas a mi espalda!, y ¡el aullar desesperado de un claxon!, me paralicé de
miedo al sentir una ráfaga de viento zarandearme y percibir un fuerte olor a
llanta quemada; vi de reojo una raya azul pasar a centímetros de mi cuerpo. El
vehículo crujió con un ruido metálico al trepar al camellón y dando tumbos bajar
metros adelante a la avenida. Pasmado lo observé en su loca carrera perderse en la lejanía.
−No
lo estoy... −musité.
Mi vida pudo acabar en ese
momento. Terminar en un súbito ocaso el resplandor de una mañana; sin embargo, el
azar me permitió ganar esa partida y esa suerte que me protege, me ha facultado
pervivir otras más en el transcurso de mi aventura.
Las circunstancias, emociones y pasiones,
plasman nuestra existencia de diferentes tonalidades e intensidad.
En
cualquier etapa de la vida se mezclan los colores en el lienzo personal. Al
final, el cuadro deberá llamar la atención por su esplendor o pasar
desapercibido por su opacidad y tristeza. Mi deseo es que al final del camino
quede una estela de luz y color, en la memoria de mis seres queridos.
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