Enfermedad
Hay un tema que
me atemoriza y siempre me ha preocupado: el de padecer una enfermedad que
limite o elimine mis capacidades cognitivas o de memoria. Tengo miedo a ser
dependiente, una carga para mis hijos o pareja sentimental.
Actualmente las afecciones que me
aquejan, limitan levemente mis capacidades físicas: la pérdida gradual del oído
y las deficiencias de la visión, son compensadas aceptablemente mediante
prótesis; y la diabetes, controlada con medicamentos, no resulta demasiado
problemática.
Mi padre, hombre sano, murió a los
ochenta y siete años de un infarto cardíaco. Una muerte envidiable para los que
le tememos a una enfermedad crónica. Cuando llegó a tener trastornos de la
salud, los acrecentaba al ignorarlos o auto medicarse. En una ocasión cayó al
hospital con una parálisis intestinal, por haber duplicado o triplicado la
dosis de antibiótico que el médico le había recetado para una infección; otra
vez, tapó la caries de una muela con pegamento epóxico, con lo que se provocó u
absceso y el taponamiento de varias
brocas del dentista.
Mi madre, en sus últimas etapas,
recordaba a la perfección sucesos acaecidos durante su niñez y juventud, mas le
costaba trabajo recordar lo comentado quince minutos antes. En su momento yo no
lo comprendí muy bien, y me desesperaba el estar repitiendo lo mismo varias
veces. En sus última etapa de vida, la demencia senil la avasalló. Mi padre la
atendió amorosamente en todas sus necesidades hasta el día de su muerte,
ocasionada por un derrame cerebral.
Muy cercano a mí, he observado el
deterioro de personas con alzhéimer, y me espanta. He palpado el sufrimiento de
los familiares cercanos al no ser capaces de discernir los síntomas de la
enfermedad. Las reacciones desesperadas, la exasperación y la impotencia,
orillan a los responsables del enfermo a crisis nerviosas y a sacrificar a los
demás miembros a vivir en constante contingencia. El enfermo dentro de su
inconciencia, no se da cuenta de las alteraciones causadas.
Ahora, que he llegado a la senectud, lucho permanentemente con el olvido
de situaciones diarias, de compromisos o asuntos pendientes. Me desespero y me
preocupo, aunque los médicos no ven alarma en la sintomatología.
Por lo anterior, sirva este relato
como manifestación expresa de mi voluntad
de que en caso de una enfermedad terminal, opto por una muerte asistida.
También, de que si se llegara el caso de ser una persona dependiente, no traten
de conservarme en casa de algún familiar o ser querido, sino me transfieran a
una institución especializada.
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