Recuerdos
en la nube
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Tengo setenta y dos años y
la memoria me traiciona a menudo, me hace jugarretas que permiten transcurrir
el día sin lograr terminar parte de las actividades programadas o iniciadas.
Acostumbrado a ese mundo de dispersión, con frecuencia me divierto con
inconsistencias como darme cuenta que ya es la hora de comer y no he lavado
trastos del desayuno, y al estarlo haciendo recuerde la ropa que está en la lavadora desde
el día de ayer, y acuda con rapidez a tenderla para el secado; en el proceso de
colgar la ropa, detecte que algunos cordones están por romperse, por lo que voy
al cuarto habilitado como taller para buscar cuerda y reemplazarlos; al llegar,
veo que no he barrido la viruta de la madera con la trabajé, por lo que tomo la
escoba y comienzo hacerlo; como hay polvo acumulado, alcanzo la aspiradora para
levantarlo y, descubro que no succiona; investigo y noto que el tubo tiene una
fisura; como soy un reparador por naturaleza, busco el pegamento para plásticos
y al encontrar el envase lo encuentro seco. Salgo en el automóvil a la
ferretería y al llegar, en el aparador observo el taladro multiusos que ofertan
por televisión, a mitad de precio; le pregunto al vendedor por sus cualidades y
forma de usarlo y… después de media hora de explicaciones, ¡lo compro! ¡Un
ofertón!, ¡quiero usarlo ahora! Llego a casa con un poco de hambre y decido qué
después de comer, lo probaré. Entro a la cocina y… no he lavado aún los trastos
del desayuno.
Me preguntan ¿qué paso ayer?, o ¿hace dos días?, no me
acuerdo, a menos que hagan una introducción al tema. Sin embargo rememoro con
facilidad eventos acaecidos durante la infancia, juventud y madurez. Imágenes
ordenadas por épocas en un almacenamiento virtual, emulado en la actualidad por
las nubes de información. La
diferencia con ellas, es que en mis recuerdos van incluidos olores, emociones y
sentimientos; conflictos y alegrías, enmarcados en video clips que al evocarlos, se deslizan por el organismo
sensibilizándolo, sublimando las acciones y haciéndolas asequibles a la
personalidad actual. Como el sabor de las fresas con crema que comíamos en
Chalco algunos domingos por la tarde. Al recordar, me observo descendiendo de
la camioneta pick up junto con mis hermanos: un vehículo apropiado para
acomodar a ocho en la caja, y a dos sentados en la cabina con mis padres. Al
llegar a uno de los restaurantes al pie de la carretera, correr y apartar una
mesa larga con bancas de la misma
extensión a ambos lados, y esperar ¾moviendo
los pies, pendientes sin llegar al piso, para disminuir la tensión¾ a la mesera que trajera las copas grandes,
desbordantes de fresas con crema; desparramar generosamente azúcar sobre ellas
y revolverlas hasta que el líquido blanco y espeso, se tintaba de rosa. El
placer de llevar pausadamente la cucharada a la boca y sentir cómo el sabor
dulce de la fría crema, se combinaba con la acidez y lo granuloso de los frutos
al comprimirlos contra el paladar; las papilas transmitían el sabor y los
músculos de la boca se contraían al sentir la acritud de la espesa mezcla. Se
jugueteaba con la lengua hasta ser
deglutida con lentitud. Así, con calma, tratando de extender la delicia,
disfrutábamos de una tarde de domingo. Y así, haciéndoseme agua la boca,
rememoro aún esos momentos.
El tiempo, invento del hombre para medir el curso de los
acontecimientos, lo asumo en mi vida, como la cadena de acontecimientos
ocurridos durante mi existencia; se alarga o se acorta por periodos, según los
recuerdos acumulados. Y no es que no existan más eslabones que unan la cadena,
sino que son invisibles a mi conciencia. Espero que el tiempo y el proceso de
escritura, contribuyan a ir pintando eslabones escondidos.
¿El destino? Sólo un pronóstico de acuerdo a mis
condiciones actuales, no me preocupa, no es importante, es una simple
especulación. Sé que el trayecto se acorta cada día, por lo que trataré de
vivir a plenitud cada momento, gozar de mi familia, amigos, y del mundo
fascinante en que me tocó existir.
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